La esencia de Vietnam

En Vietnam todo es susceptible de ser copiado. En cualquier rincón encuentras una imitación, da igual de qué se trate, ellos ya lo habrán copiado...pero en esta ocasión fueron demasiado lejos.

Bahía de Halong

Vendedora ambulante en medio de la Bahía de Halong.

Angkor Wat

Visitando el edificio principal del recinto de Angkor, al que da nombre. Un edificio majestuoso, bello y lleno de historia.

Annapurna Circuit

Caminando por el Himalaya, rodeando el macizo del Annapurna, encontramos recónditos e increibles paisajes como el valle donde se encuentra el colorido pueblo de Tal.

Himalaya indio

Impresionantes vistas aéreas de los picos nevados de la cordillera del Himalaya en su parte más oriental, al norte de la India, en Ladakh.

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1 de abril de 2013

Circuito del Annapurna. Tatopani-Pokhara


Salir de Tatopani no resultó tarea fácil. Los días previos había habido un corrimiento de tierras que había cortado la carretera, por lo que el transporte hasta Beni estaba interrumpido. A nosotros no nos vino mal del todo porque ya pensábamos pasar un par de días allí, pero aun así resultó un incordio. Nadie sabía con seguridad como debíamos hacer para llegar a Beni (pueblo desde donde cogeríamos el autobús de vuelta a Pokhara), y las informaciones que nos daban unos se contradecían con las que nos daban otros. Además, Tatopani no tiene estación de autobuses como tal, tan solo tiene una parada donde se supone se detienen los autobuses y jeeps, pero durante dos días solamente iban en dirección a Jomson, ninguno al sur.

El día de nuestra partida, después de varias pesquisas y mucho insistir con las mismas preguntas hasta aburrir al personal, medio entendimos que debíamos ir caminando durante una hora hasta el punto donde la carretera estaba cortada y subirnos a uno de los autobuses que estarían esperando al otro lado. Nada más lejos de la verdad. Salimos de Tatopani caminando por la carretera hasta Ratopani, en donde el camino se bifurca, hacia la izquierda sigue en dirección a Poon Hill y Naya Pul, y hacia la derecha sigue la carretera hasta Beni. Continuamos pues por la carretera, atravesando el Ratopani, y continuando media hora más hasta que llegamos al lugar donde la carretera estaba cortada. Allí pudimos comprobar que habían hecho un pequeño bypass para reabrir el tráfico, aunque en ese mismo momento un camión se había quedado atrapado por el barro y la carretera había quedado nuevamente cortada. Preguntamos a los vehículos que estaban allí parados y nos indicaron que siguiéramos recto unos metros hasta encontrar unas casas donde se suponía que paraba el autobús que iba a Beni. Al llegar al lugar en cuestión, nadie sabía nada de ningún autobús. Volvimos hacia atrás para averiguar si alguien nos llevaba, pero todos los autobuses iban hacia el norte. Así pues, ante esta coyuntura decidimos ir caminando dirección a Beni con la intención de parar en Tiplyang y ver si allí podíamos encontrar un transporte, aunque sin mucha esperanza. Pero ese día los dioses estaban de nuestro lado, y al poco rato de reemprender la marcha pasó un jeep vacío, ¡aleluya!, e iba hacia Beni. Era nuestro día de suerte. Subimos y por 150 rupias por cabeza nos llevó hasta la estación de autobús de Beni. Allí, muy amablemente, el conductor nos enseñó donde debíamos comprar los billetes de autobús para evitar que furgonetas y taxis nos engañaran, y en media hora cogimos un autobús público que nos llevó a Pokhara por 200 rupias por persona. Todo un éxito. Después de unas cuantas horas de viaje, el autobús nos dejó a unos dos kilómetros de Lakeside, en una rotonda, y tuvimos que caminar un buen rato antes de llegar al hotel donde habíamos dejado el resto de nuestro equipaje antes de iniciar el trekking.

Una vez en el hotel pudimos comprobar aliviados que todas nuestras pertenencias estaban intactas, ¡perfecto! Lo malo es que solamente tenían una habitación libre y habían subido el precio, supuestamente a causa de la celebración del festival de Dasain, aunque todavía faltaban unos días para que empezara. Como el dueño del hotel estaba cabreado con nosotros por haber hecho el trekking por nuestra cuenta y no haberle contratado ningún tour, no quería rebajarnos nada. Al final conseguimos que nos dejara la habitación por 700 rupias en lugar de las 1000 iniciales que nos pedía, y por no buscar más, aceptamos. Aunque al día siguiente cambiaríamos de hotel. Una vez reinstalados y decentemente duchados nos dimos un homenaje con unas buenas pizzas y unas birras fresquitas para celebrar el final del trekking.

18 de marzo de 2013

¡Namaste!



“Al amanecer, la pequeña expedición se reúne bajo una higuera gigante más allá de Pokhara: dos sahibs blancos, cuatro sherpas y catorce porteadores...
Ojos castaños nos observan mientras pasamos...
La luz ilumina las blancas cumbres del Annapurna, que avanzan bajo el cielo, parte de la gran muralla que se extiende de oriente a occidente por espacio de casi 3000 km, la cordillera del Hymalaya: "la alaya" (morada) de "hima" (la nieve)”
Peter Matthiessen (The Snow Leopard)

                Después de 3 meses danzando por el sureste asiático y tras pasar 25 horas en el aeropuerto de Kuala Lumpur, finalmente subíamos al avión que nos llevaría hasta Kathmandú, la capital de Nepal. Hacía casi un año que esperábamos este momento. A pesar del cansancio causado por no haber pegado ojo en toda la noche, la excitación era tal que imposibilitaba la conciliación del sueño. Por la ventanilla del avión solamente veíamos nubes. ¡Qué desilusión! Estábamos a punto de aterrizar y no habíamos visto asomar ningún pico…Y de repente, ¡ahí estaba! La primera cumbre nevada. Asomando levemente por encima del manto de nubes para darnos la bienvenida a Nepal, el país donde habita la nieve.

               Casi un año antes, mientras le dábamos vueltas a la idea de iniciar nuestra aventura, solamente teníamos claros dos destinos, Nepal y Nueva Zelanda. Y también estábamos seguros de que sería Nepal el punto álgido de nuestro viaje, por lo que a su vez era el lugar al que más ganas teníamos de llegar y el que más miedo nos suscitaba, por aquello de no sentirnos decepcionados a causa de habernos creado tan tremendas expectativas. Afortunadamente, íbamos a tardar muy poco en comprobar que no nos habíamos equivocado y que estábamos en el país más increíble que jamás habíamos visitado. El país que alberga más de la mitad de los ochomiles (ocho, cuatro compartidos con Tíbet: Everest 8848m, Kanchenjunga 8586m, Lhotse 8516m, Maklu 8463m, Cho Oyu 8201m, Dhaulagiri 8167m, Manaslu 8163m y Annapurna 8096m), y que no pararía de sorprendernos en ningún momento, no solamente por sus paisajes, que son sobrecogedores, sino también por su gran riqueza cultural, en donde conviven multitud de etnias y de religiones.

                Una vez con nuestro visado de entrada en la mano y aún con las piernas temblando por los nervios, salimos del aeropuerto y nos recibe una maraña de taxistas hambrientos con la esperanza de cazarnos y aplicarnos, una vez más, un precio desorbitado. Haciendo caso omiso conseguimos un transporte más económico que nos llevará hasta el hotel, en el barrio de Thamel, donde nos esperaba nuestro amigo Fran y mi cámara de fotos, que me había traído desde España. ¡Cuánto tiempo! Así pues, después del reencuentro con Fran, fuimos a comer algo, pues estábamos hambrientos, y a probar nuestra primera Everest bien fresquita.

                Nuestro primer encuentro con Kathmandú fue muy breve, pues llegamos a las 5 de la tarde y apenas nos dio tiempo a darnos una vuelta para comprar un billete de autobús hasta Pokhara, donde adquiriríamos los permisos para realizar el circuito del Annapurna y aprovecharíamos para visitar las instalaciones de Sathi Sansar y conocer de primera mano la increíble labor que realiza esta organización para ayudar a niños con discapacidades, con sus programas de educación especial para niños con parálisis cerebral, y actuando también en el seno de las familias y la comunidad para facilitar la aceptación de los niños. Nos quedamos alucinados del trabajo que realizan en Sathi Sansar (www.sathisansar.org).

                El objetivo de ir a Pokhara antes de empezar nuestro viaje por el Himalaya fue únicamente para visitar la organización Sathi Sansar, además que parar aquí al acabar el trekking y pasar unos días relajados lejos del bullicio de Kathmandú. No es imprescindible ir a Pokhara para obtener los permisos para el circuito de los Annapurna, se pueden obtener en Kathmandú en la oficina del NTB (Nepal Tourism Board) Ubicación oficina NTB en Kathmandú. Nosotros los obtuvimos en la oficina de Pokhara, situada en la calle Rastra Bank Road, en Damside (a unos 10-15 minutos andando desde la estación de autobuses. No os dejéis engañar por los taxistas, que os intentarán cobrar de 150 a 300 rupias por un trayecto muy corto. Aquí tenéis unos mapas de la oficina del NTB/ACAP en Pokhara: Ubicación oficina ACAP en Pokhara




Allí te pedirán 1 foto tamaño carné para la tarjeta de registro (o tarjeta TIMS = Trekkers’ Information Management System) y 1691 rupias (casi 17 euros). Junto con esta tarjeta (de color verde si vas por libre o azul si realizas el trekking con guías y porteadores) debes rellenar un formulario de registro con el circuito que realizarás y la duración aproximada, con el objetivo teórico de poder proceder a tu búsqueda y rescate si tuvieras algún percance durante el trekking. Este registro era gratuito hasta hace 2 años, en que el gobierno, viendo el creciente número de turistas que frecuentan el circuito, decidió imponer la tasa de 1691 rupias con el objetivo de sacar beneficio, obviamente.
Una vez obtenida la tarjeta TIMS, pasamos a una segunda sala donde se obtiene el permiso de entrada para la región del Annapurna. Aquí nos pidieron 2 fotos tamaño carné y 2000 rupias por persona (20 euros). Rellenas el formulario, pagas la tasa, te entregan un tríptico con información básica y un perfil del circuito y después de esperar unos minutos te llaman por tu nombre para entregarte el permiso de entrada. Las oficinas abren todos los días del año, de 9 am a 5 pm de Febrero a Noviembre y de 9 am a 4 pm de mediados de Noviembre a mediados de Febrero. 

Una cosa a tener en cuenta es que no te facilitan ningún mapa del circuito. En principio no es imprescindible, puesto que es un camino muy transitado y perfectamente indicado. De todas maneras, siempre es recomendable llevar algún instrumento que nos ayude a orientarnos en la montaña, y un mapa, desde mi punto de vista, es imprescindible.

A partir de ese momento…¡a disfrutar! 

Después de conseguidos los permisos nos quedaba la ardua tarea de encontrar una habitación económica, y después de dar varias vueltas por la zona de Lakeside, encontramos una habitación triple por 600 rupias la noche (6 euros, para 3 personas), con baño, agua caliente y wifi, ¡un lujo!

Pasamos dos noches en Pokhara, una ciudad donde el turismo de montaña queda patente desde el minuto cero, llena de pensiones, hoteles, restaurantes así como de tiendas con material para los deportes de montaña, artesanía, libros, etc., y donde la calidad de los productos deja muchísimo que desear, que nadie caiga en engaños ante precios “económicos”. Aun así, es un buen lugar donde encontrar material de alquiler para el trekking. Nosotros alquilamos unos sacos de dormir por 50 rupias al día (0,5 euros). Muy importante comprobar las cremalleras de los sacos y el cosido de los mismos. Nosotros nos pasamos una tarde comparando tiendas y abriendo y cerrando las cremalleras de manera contundente, doblando y estirando con fuerza los sacos, antes de alquilar los que nos llevaríamos. Toda precaución es poca y no hay que arriesgarse a que se te rompa el saco a casi 5000 metros de altura…Además, compramos también pastillas potabilizadoras de agua (por 200 rupias = 2 euros) que nos servirían para no pasar sed durante el trekking, y algunas provisiones que nos sirvieran de tentempié durante las largas jornadas que nos esperaban.

                El día previo al inicio del circuito lo empleamos en visitar la escuela de educación especial de la organización Sathi Sansar, que conocimos a través de nuestro amigo Fran. Así que después de desayunar nos pusimos manos a la obra y llegamos a la escuela después de una buena caminata que nos sirvió para desentumecer las piernas de cara al día siguiente. Estuvimos toda la mañana charlando con la directora del centro, que nos explicó los entresijos de la organización y su método de trabajo con los niños, con sus familias y con la comunidad en que se encuentran y nos realizó una visita guiada por el centro explicándonos con todo detalle las diferentes modalidades de aprendizaje que desempeñan así como las estrategias y objetivos que persigue la organización. Y a continuación pudimos comprobar por nosotros mismos los espectaculares avances que logran los niños después de un tiempo en la escuela con una atención y unos profesionales adecuados y dedicados. Es digno de admirar cómo trabajan estas personas y nos daba pena no poder servirles de ayuda y no poder acudir este año con nuestra propia organización a Bolivia. Pero otro año será, sin duda. Estuvimos un buen rato con los niños, que nos sacaron unas cuantas sonrisas mientras intentaban demostrarnos sus conocimientos de inglés, dibujo y sobre nuestro país. Pasamos un tiempo increíble en el centro y hubiésemos pasado mucho más, pero no podíamos hacerlo para no perturbar sus clases, pues nuestra visita les había creado una gran excitación y no era nuestra intención desviar su atención ni  interrumpir su rehabilitación. Salimos de Sathi Sansar agradecidos y felices de ver cómo se pueden conseguir progresos con una buena actitud, ganas y haciendo las cosas correctamente.

                Después de una buena dosis de esperanza poco podíamos hacer el resto del día salvo acabar de atar los detalles de cara al trekking, comprar los billetes de autobús hasta Besi Sahar, el punto de inicio y rehacer las mochilas cuarenta veces hasta altas horas de la noche hasta que estuvieron completamente listas y a dormir, que nuestra siguiente jornada empezaba con madrugón a las 5 de la mañana.